Al mismo tiempo éramos y somos conscientes del papel fundamental que Internet habrá de jugar en la difusión de nuestra actividad. Los servicios y aplicaciones de la Web 2.0 permiten añadir al vuelo nueva información (las Wikis, los blogs, los gestores de contenidos) y transmitirla de forma instantánea a una red de contactos que opinan sobre ella, la valoran y, cuando despierta su interés, la comparten. Gracias a los buscadores (Google, Bing), a los lectores de hilos RSS y de Redifusión (Google Reader, Netvibes, etc.), a los marcadores de todo tipo (Menéame, Del.icio.us, etc.) y sobre todo a las redes sociales (Facebook, Twitter, LinkedIn), la propagación de esos nuevos contenidos es exponencial, y de unos pocos contactos/visitantes se puede pasar a cientos o miles de lectores/actores en muy poco tiempo.
Por si fuera poco, añadimos un tercer desafío, evidente al repasar la maraña de enlaces del párrafo anterior: discriminar entre todas esas soluciones para ofrecer a nuestros investigadores y usuarios aquellas que les ayuden a ser más eficientes en la producción y generación de conocimiento (científico) y a maximizar la visibilidad de los resultados de ese trabajo (y por lo tanto su impacto y popularidad).
La web representa pues una oportunidad y un reto para un Centro de Investigación como el CAESCG. El modelo de transmisión del conocimiento, en la era 2.0, se ha transformado radicalmente y con él la forma de organizar el trabajo, de establacer las relaciones y, en nuestro caso, de transferir los resultados a la administración, al mundo empresarial y a la ciudadanía.
A lo largo de los próximos días y semanas iremos destilando las conclusiones a las que hemos llegado. Os dejo para ir abriendo boca la presentación que hice en diciembre sobre este tema, y un vídeo que ilustra (creo) bastante bien el párrafo anterior.